19 junio 2010

No interrumpas. Complementa.

Antes veía la televisión a diario. Luego apareció Internet, y la televisión, aunque permanecía encendida, pasó a un segundo plano. Y ahora ya ni la pongo (excepto para casos puntuales), y recurro a Internet prácticamente como única fuente de información y de entretenimiento.

Hoy para mi la televisión no tiene credibilidad y, por añadidura, me aburre soberanamente.

Una de las cosas que menos soporto de la televisión es tener que tragarme toda esa retahíla de molestos anuncios intrusivos que, con burdos mensajes que insultan a la inteligencia, pretenden convencerme de que compre mil y un productos que no necesito.

Y supongo que cada vez habrá más personas que, al igual que yo, ya no encienden la televisión porque, además de detestar la telebasura, no toleran este tipo de publicidad frontal y unidireccional que pretende matar moscas a cañonazos molestándonos al 99,99% de la audiencia que no estamos interesados en su producto para simplemente tratar de llegar a ese 0,01% que pueda estarlo.

Si esta es la tendencia del consumidor del siglo XXI, y yo creo que así es, entonces, ¿cómo podrá una marca de futuro atraer nuestra atención?

Pues la verdad es que lo puede hacer sin necesidad de interrumpir. Con una publicidad que sea complementaria con lo que uno esté viendo. Una publicidad no intrusiva que tenga relación con lo que el usuario esté haciendo en ese momento. Que sea tan pertinente que hasta llegue a considerarse contenido. Y que además pueda generar experiencias en el usuario y alentarle a la participación en torno a la marca. Que sea capaz de implicar al consumidor en el desarrollo de sus productos o servicios, y que incluso se atreva a dejarle que modele su marca, sin miedo.

La marca que encuentre esta manera de llamar nuestra atención, sin molestarnos, se posicionará en la vanguardia de la publicidad.


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