26 agosto 2010

Google no se encuentra

Llama poderosamente la atención que a pesar de que la compañía Google ha aumentado sus ingresos en un 24% en lo que va de año, lo cierto es que el valor de sus acciones en Bolsa ha caído más de un 20% durante este mismo periodo de tiempo. ¿Cómo es posible que, aumentando sus ingresos, bajen tanto sus acciones (con un rendimiento muy por debajo del Nasdaq que subió un 1% en este periodo)?

La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en este interesantísimo coloquio sobre el crecimiento de Google que tuvo lugar hace unos días en el programa de televisión de Charlie Rose, y en el que se insinúa que Google (la marca más poderosa del mundo) comienza a presentar síntomas de estancamiento.

Intervienen en este debate televisivo, además del propio Carlie Rose, el gurú Chris Anderson, que vaticina la muerte de la web, Michael Copeland de la revista Fortune, que habla del comienzo del fin de Google, y Jessica Vascellaro de The Wall Street Journal, que nos recuerda que Google sigue haciendo un montón de dinero con su modelo de negocio actual.


Si nos atenemos a lo que se cuenta en este coloquio, Google se enfrenta a un gran desafío en el horizonte, toda vez que en el uso de Internet se empieza a apreciar un cambio silencioso pero significativo que amenaza seriamente su poder omnipresente en la Red: se trata del cambio evolutivo que va de la Open Web a las plataformas cerradas, en donde Google no tiene acceso.

Y en verdad que parece cierta esta nueva tendencia en el uso de Internet hacia plataformas más cerradas. Pensemos sino en nuestra propia experiencia de usuario, en todas las tareas que hoy realizamos a través de Internet, y caeremos en la cuenta de que ya no dedicamos tanto tiempo como antes a buscar y navegar, y en su lugar cada vez más acudimos a plataformas específicas (Facebook, Twitter, Spotify, Skype,…) y aplicaciones móviles de terceros (para el iPhone o el iPad). Internet es cada vez más móvil y social, y el buscador de Google no puede rastrearlo.

Chris Anderson dice que esta migración del usuario desde el mundo abierto de la web a plataformas más cerradas es un reflejo de la evolución tecnológica que va del Internet del ordenador de escritorio al Internet de los dispositivos móviles (netbooks, smartphones, y ahora tablets como el iPad). Estas nuevas aplicaciones atraen al usuario porque son de muy fácil acceso, están diseñadas para propósitos concretos, y además dan un servicio personalizado que funciona mejor que la web abierta. Esto explica que cada vez más usuarios se decanten por aplicaciones comerciales y que compren canciones en iTunes o libros electrónicos en Amazon, pese a que estas canciones y libros se pueden descargar gratis en la web abierta.

Chris Anderson y Michael Copeland presagian que el nuevo Internet de plataformas cerradas y dispositivos móviles seducirá a las empresas como no ha conseguido hacer la web abierta. Ambos contertulios reconocen que la publicidad en la web no es buen negocio para las empresas (lo es para Google, inventor del ingenioso negocio de vender publicidad clicada a los resultados de las búsquedas). En cambio, las nuevas aplicaciones para un iPad, por ejemplo, sí parecen propicias para la publicidad de las empresas, entre otras cosas porque aquí la atención del usuario es significativamente mayor que en una website (el tiempo medio que uno está conectado a una app de un iPad es muy superior al tiempo que se detiene en una website). Y aquí los contertulios destacan Flipboard, la nueva revista social personalizada para el iPad, que en una única plataforma integra de un modo elegante e intuitivo las redes sociales de Facebook y Twitter junto a todas tus noticias, blogs, fotos, vídeos, canciones,... Como dice Anderson en el coloquio: “el iPad está cambiando la manera de interactuar en Internet”. Además, según Anderson, estas nuevas plataformas permiten a las empresas hacer dinero más fácilmente mediante el cobro directo al usuario, ya sea por la venta de archivos digitales (canciones, e-books, películas,…) o por suscripciones a servicios premium más avanzados y personalizados (revistas, periódicos, juegos,...). Anderson lo resume con estas palabras: “la muestra gratuita está en la web abierta, pero el negocio real está en la web cerrada”.

La compañía Google, en cambio, ha de sentirse muy incómoda ante esta nueva perspectiva de una web abierta venida a menos, ya que cuanto menos tiempo pase la gente en esta web, cuanto más decrezca su uso, más dinero dejará de ganar Google con su negocio principal, que no es otro que la publicidad en la web. La publicidad online genera prácticamente todos los ingresos de Google (alrededor del 97% de sus ingresos proceden de la publicidad en la web vía Adsense y Adwords). Y francamente, si yo fuese el CEO de esta empresa californiana, estaría muy preocupado ante tamaña dependencia de una sola fuente de ingresos; máxime cuando esta fuente de ingresos (la publicidad) se nutre de una web que parece entrar en declive en el nuevo escenario de Internet (según Anderson, la web apenas representa ya una cuarta parte del tráfico de Internet y esta cuota está bajando).

Ante estos malos augurios, se hace patente que el gran desafío de Google es encontrar nuevas fuentes de ingresos. Es un secreto a voces: Google está buscando nuevas líneas de negocio casi desesperadamente.

Y sin embargo, Google está naufragando en su estrategia por diversificar su futuro. Por ejemplo, decepcionan las ventas de su “flamante” smartphone Nexus One, mientras que su ambicioso proyecto Google TV está paralizado porque no cuenta con el respaldo de los dueños de contenidos. Y en su intento por ser social y competir con Facebook, de momento Google ha fracasado estrepitosamente (sus plataformas sociales, Buzz y Wave, han sido un fiasco en toda regla). Como dice Michael Copeland en el coloquio televisivo: “Google es muy bueno en la técnica que desarrolla aplicaciones, pero muy malo descubriendo cómo las personas se relacionan y colaboran entre sí”.

Aunque no todo son malas noticias para Google en su búsqueda por diversificarse. Su estrategia de redes móviles parece que va por buen camino gracias a la amplia propagación que está consiguiendo su sistema operativo Android (las ventas de móviles con Android ya superan a las del iPhone en Estados Unidos). No obstante, conviene tener presente que Android es un sistema operativo libre que Google distribuye de forma gratuita, lo que significa que de momento no genera ingresos de importancia, si bien tiene buenas previsiones de negocio.

Con todo, el reputado analista de negocios tecnológicos Erik Sherman, asegura en este artículo que se está achicando todavía más la ya de por sí ínfima cuota de ingresos alternativos que tiene Google. Dicho de otra forma: pese a sus denodados esfuerzos por diversificarse, crece la dependencia financiera de Google para con la publicidad en la web. Y para rematarla, todo este infructuoso esfuerzo por diversificarse está trayendo consigo un preocupante aumento del gasto de la compañía (sólo en el último trimestre fue necesario contratar 1.200 nuevos empleados, hasta alcanzar una plantilla total de 21.800 empleados).

En resumidas cuentas, Google busca nuevas fuentes de ingresos, pero no las encuentra. Y se percibe que tanto fracaso comienza a causar desesperación en el seno de la compañía californiana (por mucho que Eric Schmidt, CEO de Google, pretenda sosegar declarando que la compañía "celebra sus fracasos").

Tanto es así que la compañía ya da muestras de querer encontrar una salida como sea, a cualquier precio, incluso a costa de traicionar la sacrosanta neutralidad de la red que garantiza que un bit debe ser igual a otro bit, venga de donde venga y lo emita quien lo emita. Su posible afrenta a la neutralidad de la red nace de su reciente acuerdo con la operadora de telefonía móvil Verizon, según el cual el tráfico de los bits de Google tendría preferencia de paso en la red móvil de Verizon.

Con este pacto con el diablo, Google –hasta ayer portaestandarte de la neutralidad de la red– estaría violando su propio slogan corporativo "don't be evil", que venía a decir que se pueden obtener ingresos actuando de forma ética.

Definitivamente, Google ha perdido el norte...


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