11 marzo 2013

Bebo, luego decido

Este fin de semana me llamó la atención esta noticia en la que EEUU solicita que se prohíba el alcohol durante los debates presupuestarios en la ONU.



Y al instante me vino a la mente un artículo del escritor Manuel de Lope que leí hace ya 20 años en el diario El País y que lleva por título "La inspiración". Dejo aquí un extracto de este artículo:
Hubo tiempos en que los hombres cuando querían tomar una decisión se emborrachaban. Herodoto lo cuenta de los persas, no sé si con malicia o con ingenuidad. Desde nuestro punto de vista el procedimiento resulta sorprendente. Aquellos hombres sedientos se reunían en grandes salas adornadas con tapices, guirnaldas, mosaicos y esmaltes de oro, y agarraban unas monas estruendosas que el sumo sacerdote, tambaleante, calificaba de moña sagrada o borrachera ritual. Se suponía que en los vapores del alcohol habitaban los dioses como en las nubes de un cercano paraíso. Se convocaba una suerte de inspiración colectiva, somnolienta, sonriente o sonrojada. Las decisiones se tomaban en ese sublime estado. Una vez pasada la resaca, los persas consideraban lo inspirado por el vino. Si la decisión les parecía acertada se adoptaba de inmediato. Eran hombres cabales. Si les parecía errada no lo dudaban un instante. Los persas rectificaban y aquella misma noche se volvían a emborrachar. Acudían así al dios etílico y contrastaban su opinión con su propia opinión de hombres serenos. De ese modo se declaraban guerras, se repartían botines o se firmaba la paz. Repasando la historia se me ocurre que el imperio de los persas se mantuvo varios siglos. El imperio de Hitler, que era abstemio, no duró lo que dura una camisa de buen paño. (...)
Puede parecernos descabellada esta manera de proceder de los persas a la hora de tomar decisiones, pero es una gran verdad que con un par de vinos, menos atenazados por la responsabilidad y más relajados, vemos las cosas con más claridad.

Y tiene su lógica, pues al parecer primero sentimos las cosas y después esta información llega a la razón. Es decir, el proceso cognitivo funciona apoyándose en las emociones y sentimientos.

Es, pues, un error (El error de Descartes que diría Antonio Damasio) tomar decisiones tratando de dejar aparte a las emociones. No en vano, una persona que sufre un daño en la zona del cerebro más vinculada a las emociones (la parte límbica) es incapaz de tomar la más simple decisión racional.

Por lo tanto, todos deberíamos dejarnos llevar más por nuestras intuiciones, tal y como hacían los persas. Eso si, si tomas la decisión estando borracho, no te olvides de reconsiderarla cuando estés sobrio, no vaya a ser ;)
 
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