21 octubre 2010

TwitterPredictor

Según unos investigadores de la Universidad Bloomington de Indiana, Twitter puede predecir la Bolsa de Valores con hasta 6 días de antelación y con un sorprendente 87% de precisión, gracias a un algoritmo que correlaciona el estado de ánimo de la gente con el comportamiento de la economía mundial.

Estos investigadores aseguran que existe una relación directa entre el humor de la gente y los resultados económicos, lo que en principio tiene bastante sentido si hacemos caso de lo que nos dicen muchos científicos que estudian el comportamiento humano de que en realidad es el sentir el que condiciona lo que piensas, y no al revés.

Ya lo decía William James: “no lloramos porque estamos tristes, sino que más bien nos ponemos más tristes porque lloramos”. En efecto, solemos creer que seremos felices cuando las cosas nos vayan bien, pero las cosas nos empiezan a ir bien cuando aprendemos a ser felices.

Por lo tanto, dado que la vida en general, y el mundo financiero en particular, se rige por las emociones, y como quiera que Twitter es una extraordinaria herramienta informacional y social para predecir tendencias, entonces no parece tan descabellado pensar que, en efecto, el estado de ánimo que transmita Twitter podría ayudarnos a predecir el mercado de valores.


Ahora bien, lo que estos investigadores de la Universidad de Indiana no tienen en cuenta es que por desgracia (o afortunadamente, según se mire) la vida y la economía también se rigen, y mucho, por variables impredecibles y altamente improbables. Sucesos extraordinarios imposibles de predecir que ocurren más a menudo de lo que creemos (no en vano los grandes descubrimientos ocurren por accidente). Eventos raros, excepcionales e imprevisibles que el ensayista y gurú de las finanzas Nassim Nicholas Taleb denomina Cisnes Negros.

Conclusión: no podemos predecir el futuro, seguirá habiendo cisnes negros, y volveremos a tener otros cracks financieros, por mucho que ahora nos pongamos a predecir los mercados bursátiles con Twitter (y por mucho que nos empeñemos en regular la economía financiera).

 
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