26 marzo 2011

¡Islandicemos el mundo!



Islandia tiene el honor de haber instaurado el primer parlamento bicameral del mundo, allá por el año 930.

Es uno de los países más desarrollado del mundo. Con un más que digno estado de bienestar con asistencia sanitaria universal y educación superior gratuita, pese a que los impuestos son relativamente bajos comparados con otros miembros de la OCDE.

Las fuentes de energía renovables, principalmente la geotérmica y la hidráulica, proveen toda la electricidad requerida en el país, además de cerca del 80% de toda la energía utilizada por los islandeses.

Hoy los islandeses están llevando a cabo una revolución desde abajo y pacíficamente culta contra el poder político-financiero que llevó a Islandia a la bancarrota en el año 2008, a saber:

¿Necesitamos más motivos para islandizar el mundo?

3 comentarios :

Josep Ros dijo...

¿Como?
Para eso se necesita una población consciente de la situación y sensibilizada a otros parámetros diferentes.
Además de unos políticos más o menos honrados, no como los que tenemos, pues en principio todos son buenos, es con sus acciones cuando se puede realmente conocer al político, pero... entonces ya es tarde, tienes que aguantarlo durante 4 años.

Pedro dijo...

Para mi es evidente el motivo por el cual Islandia se cuece aparte.

La población de Islandia no rebasa los 400,000 habitantes, sí, dato quizá pocas veces tomado en cuenta, pero de las 20 localidades que conforman Islandia solo 5 rebasan los 10,000 habitantes y solo la capital llega a más de 100,000 habitantes, la diferencia con la mayoría de los países del mundo es esta.

Al parecer, confinar a una enorme cantidad de seres humanos (millones) en una demarcación relativamente pequeña no solo los hace insensibles, sino que además les quita mucho de su sentido de colaboración, justicia y democracia, hace más difícil que se pongan de acuerdo en algo y hace más difícil encontrar a los verdaderos responsables de los problemas.

Este es el típico caso de las comunidades pequeñas donde todos se conocen y al todos conocerse tienen un sentido de unión, solidaridad y un "freno" natural que los limita para no dañar a su propia comunidad.

Para mi es evidente que a pesar de los "beneficios" que otorgan las grandes ciudades, el camino a la verdadera plenitud del ser humano no es hacinando a millones de ellos en enormes ciudades, para mi el camino es crear comunidades pequeñas, autosuficientes e independientes donde se fomente un verdadero sentido de pertenencia y colaboración en lugar de la frialdad impersonal de ver millones de rostros pasar deprisa frente a nosotros.

Alberto Dotras dijo...

Interesante reflexión, Pedro, que tiene relación con el concepto de "el número de Dunbar", que equivale al número de personas con las que uno puede tener relaciones sociales estables. En realidad el número de Dunbar se reduce a 150 individuos. Es decir, que para que tu organización funcione adecuadamente, mejor no tener más de 150 miembros, y cuanto mayor sea el grupo más compleja y difícil será estructurarla con reglas y normas.

 
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