25 agosto 2011

Paga a todo el mundo por pensar


Hace ya medio siglo que el padre del management Peter Drucker acuñó el término "trabajador del conocimiento". Drucker pronosticó la tendencia hacia una sociedad del conocimiento en la que los trabajadores usaríamos más nuestras mentes que nuestros músculos. En síntesis la idea de Drucker es que la inteligencia importa más. O dicho en romano paladí: más vale maña que fuerza.

Por desgracia, la inmensa mayoría de las compañías ha hecho un mal uso de este postulado de Drucker, al segregar su fuerza laboral en “trabajadores del conocimiento” por un lado y “trabajadores manuales” por el otro. Empresas que pagan a los primeros para pensar y a los segundos para ejecutar. Vamos, la vieja escuela de comando-y-control de siempre, en donde unas pocas personas piensan y deciden (los directivos), y todos los demás se limitan a seguir las órdenes (los trabajadores).

Y sin embargo es falsa esta dicotomía de trabajador del conocimiento vs. trabajador manual, porque en realidad todo empleado en una organización es un trabajador del conocimiento, con independencia de sus funciones.

En efecto, en todo tipo de tarea es crucial el conocimiento del trabajador, incluso en aquellas más rutinarias que supuestamente no se basan en el conocimiento. Por ejemplo, el obrero de la cadena de montaje de una fábrica –la antítesis de la visión convencional del trabajador del conocimiento– sin duda trabaja con sus manos, pero también puede aportar valor al proceso productivo con su know how, su inteligencia y su actitud. 

Es más, es el trabajador de primera línea quien más debería contribuir con sus ideas, habida cuenta que se trata del empleado más cercano al producto o cliente, y por tanto quien mejor conoce los problemas de base (el alto directivo no suele estar cerca de las trincheras para conocer bien estos problemas). Ignora las posibles aportaciones e ideas de tus trabajadores de primera línea, y estarás despilfarrando el recurso más valioso de tu empresa.

No hay duda, las ideas de todos los empleados cuentan y mucho. Así pues, las empresas deberían involucrar a todos los trabajadores en la toma de decisiones.

Paga a todo el mundo por pensar, porque lo cierto es que todo trabajador es un trabajador del conocimiento.
 
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