17 noviembre 2009

Marcas con cara, con oídos y, sobre todo, con corazón

Con Internet, y especialmente con la Web 2.0, las técnicas de marketing tradicional están dejando de ser tan eficaces como antaño.

La publicidad convencional, basada en tratar de convencer a la gente de que compre algo, está perdiendo credibilidad a pasos agigantados, especialmente entre los nativos digitales. Incluso genera rechazo este tipo de publicidad unidireccional y frontal, pues es intrusiva al interrumpir a la gente (como por ejemplo cuando en TV te interrumpen con anuncios la película que estabas viendo).

El nuevo cliente –usuario de las redes sociales- no quiere que le vendas un producto sin más, quiere que por encima de todo le escuches, que dialogues con él, y que incluso alientes su participación en torno a tu marca (co-creación o creación compartida) como fuente de ideas para tus productos o servicios (crowdsourcing o externalización de la producción al cliente). Como dice Marc Vidal: "En la red al principio sólo se escuchaba, luego se participaba y ahora se contribuye".

Estamos, por lo tanto, ante una nueva dinámica relacional que impone un nuevo perfil de "comunicador" y no tanto de "publicitario".

Así, poco a poco, la publicidad se está transformando en complicidad con el cliente; con un cliente que está dejando de creer en la publicidad, que tiene sentido crítico, y que busca cada vez más autenticidad, empatía y confianza.

Y toda esta nueva dinámica relacional es mucho más fácil de encontrarla con marcas personales que en la fría distancia a la que nos tienen acostumbrados las marcas comerciales. Como muy bien dice Joan Jiménez: "Marcas con ‘cara’ a la que mirarle a los ojos, con ‘oídos’ que nos escuchen y sobre todo, con corazones que nos quieran".

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